Una canción galopa dedicada a Eliana Karwczyk, tripulante del ARA San Juan

Poeta bonaerense, autor de letras de canciones que trascendieron ampliamente las fronteras,Jorge Padula Perkins dedicó unos versos a la submarinista Eliana Krawczyk, perdida junto a 43 camaradas de armas a bordo del buque ARA San Juan, cuando promediaba noviembre del 2017.

Los mismos fueron musicalizados por el compositor, guitarrista y cantor chaqueño, vinculado a Misiones, Julio Rolon.

Descendiente de judíos polacos, Krawczyk había nacido el 5 de marzo de 1982 en Oberá, Misiones, en el seno de una de las tantas familias de raíces extranjeras que conforman el crisol de razas de nuestra Nación.

Cuando descubrió su pasión por el mar, no dudó en ingresar a la Armada Argentina, de cuyo instituto de formación de oficiales egresó en el 2009. Más tarde haría lo propio respecto de la Escuela de Submarinos, para convertirse en la primera oficial submarinista de Argentina y de Latinoamérica.

Más allá de su desempeño profesional y del modo en el que su condición femenina ganaba espacios en una especialidad hasta entonces reservada para hombres, Eliana era conocida por su siempre dispuesta sonrisa y su inocultable inclinación a la protección animal, que a diario ponía en juego acompañando y cuidando a los perros callejeros con los que se cruzaba.

A ella, a la profesional y a la mujer que conocimos de manera trágica y abrupta como consecuencia de la desaparición del submarino ARA San Juan, está dedicada esta canción galopa que interpreta su propio compositor: “Y se hizo a la mar…”.

 

“Y se hizo a la mar…” (canción galopa)

 

Letra: Jorge Padula Perkins – Música: Julio Rolon

 

Eliana tenía

alma de sirena

y así lo sentía.

Como agua del río

que busca los mares

buceaba la vida.

 

Eliana acogía

a perros sin casa

y los protegía.

Saltos y ladridos,

de sol o de luna,

feliz recibía.

 

Y se hizo a la mar;

serena y valiente la submarinista salió a navegar.

Y se hizo a la mar;

fuerte y decidida a enfrentar la calma o la tempestad.

 

Eliana tenía,

como asteroidea,

en el mar la vida.

Y era un submarino,

su albergue y carruaje,

en noches y días.

 

Eliana venía

de la roja tierra

que en ella latía.

De selvas y trinos;

misionera cuna

y franca sonrisa.

 

Y se hizo a la mar;

serena y valiente la submarinista salió a navegar.

Y se hizo a la mar;

fuerte y decidida a enfrentar la calma o la tempestad.
 
 

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